POLITICA | Internacionales | 07/05/2016
La crisis brasileña Ese día resuelve el pleno de la Cámara luego de que ayer una comisión de ese foro recomendó seguir con el impeachment. La suspensión de la presidente será, en principio, por 180 días y la relevará Michel Temer.

Ya se cumplió el primer paso para el “derrocamiento temporario” de la presidenta Dilma Rousseff. La comisión especial del Senado, montada para habilitar el proceso de juicio político, sancionó por 15 votos a favor, una abstención y cinco en contra, la continuidad del impeachment.

Ahora, el segundo paso será el de los debates en la Cámara Alta y el miércoles próximo en Brasilia los parlamentarios darán el sí a la operación “desplazamiento” de la jefa de Estado. Así como ocurrió el 17 de abril, en Diputados. Ese mismo día, ella será alejada del poder y asumirá en su lugar, por 180 días, el todavía vicepresidente Michel Temer.

La decisión no resulta sorpresiva. Ese comité de parlamentarios “senior” ni siquiera se sonrojó ante las definiciones que había dado la Corte Suprema el jueves último, cuando condenó al diputado Eduardo Cunha, promotor clave del proceso contra la mandataria, a dejar la presidencia de la Cámara Baja, y quedar colgado del pincel desde el punto de vista legislativo.

Este político, tramó la primera fase del impeachment a Dilma; y comandó la célebre votación del mes pasado donde 367 diputados apoyaron la salida de la presidenta brasileña por los más diversos motivos: por Dios, por la suegra, por los padres, por la esposa o el esposo, por los hijos y los nietos. Ninguno de ellos mencionó la causa por la que pretenden enjuiciar a Rousseff: las presuntas “pedaleadas” presupuestarias (anticipar pagos por bancos estatales antes del giro del dinero por el Tesoro), que según se admite en los medios económicos y políticos “no son muy sólidas como denuncias”.

Unos 20 dias después de semejante episodio, la Corte decidió que Cunha no estaba en condiciones de ejercer su cargo, debido a las investigaciones que pesan sobre él por cobro de coimas y depositos de dinero oscuro en cuentas en el extranjero del orden de 5 millones de dólares.

Tampoco el Senado parece exento de incurrir en votaciones exóticas. Por ejemplo, en una entrevista concedida al grupo mediático Estado de Sao Paulo, el senador Romeo Juca, uno de los más íntimos asesores del futuro presidente temporario Temer, declaró que el “delito” de Dilma con las “pedaleadas” fiscales fue para cumplir con los recursos para el programa social “bolsa-familia”, un subsidio destinado a los segmentos más pobres de la población.

Los 15 parlamentarios que apoyaron la resolución son la mezcla de ex oficialistas y oposición. A los opositores, básicamente los hombres del Partido Socialdemócrata (PSDB) y del ultraderechista Dem (organización que fuera fundada por los coroneles del estado provincial de Bahía), les faltaba fuerza para lograr por medios congresistas lo que las elecciones le habían vedado: llegar al poder. Consiguieron los medios con una asociación, que pronto podrá romperse: se aliaron por ahora en condiciones segundonas, al Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB). Esta fuerza, la mayor dentro del Senado y ex aliada del oficialista PT, consiguió atraer a los tories brasileños para su redil, con el objetivo de enancar en el Palacio del Planalto al vice Temer, que fuera presidente de esa agrupación centro-derechista.

Preciso es decir que muchos de esos tories fueron, en el pasado, aliados de Lula da Silva y de la actual jefa de Estado. Ahora, junto a los opositores, se aprestan a dar el golpe de gracia. El mismo miércoles se tendrá, probablemente al final de la noche, un nuevo presidente en Brasil.

Claro que nada le resultará fácil al político paulistano, de 75 años de edad y casado con una joven de 28 años, madre de su hijo varón. Por de pronto, si bien llegará al famoso palacio presidencial, no podrá ocupar la residencia: es decir, el Palacio de la Alvorada. Ni tampoco podrá hacer una “churrasqueada” en la Granja do Torto. Ambos lugares están destinados a ser habitados apenas por aquellos que resultaron electos por el voto popular. En este caso, la presidenta Rousseff.

Dilma demostró que está dispuesta a hacerle la vida difícil: “Sabemos quién es quien en este proceso y, por eso, ellos querían que yo renunciara: soy muy incómoda. Soy nada menos que la presidenta electa, no cometí ningún delito y, si renunciara, enterraría la prueba viva de que esto se convirtió en un golpe, sin base legal. Resistiré hasta el último día”, prometió.

La presidenta sostuvo: “No nos vamos a ilusionar: todos aquellos que son beneficiados por este proceso, como por ejemplo el vicepresidente de la República que pretende usurpar el poder, son cómplices de un procedimiento extremadamente grave”. Recordó que la Corte Suprema dijo que Cunha “usaba prácticas condenables. Una de ellas fue el chantaje explícito contra mi gobierno”.