POLITICA | Internacionales | 14/05/2016
El nuevo presidente brasileño anticipa medidas “duras” para reactivar la economía del país, sin perder las elecciones municipales de octubre de 2016.
Finalmente, Michel Temer lo consiguió y juró como presidente de Brasil. Ahora, deberá hacer lo más difícil: gobernar. Tendrá que enfrentar una delicada coyuntura, con un gobierno que nace frágil y se propone impulsar reformas económicas que reactiven la economía del país.

El flamante jefe de Estado tiene que tomar una decisión: un ajuste en forma de shock, como le piden los empresarios y los medios de comunicación, o dosificado en cómodas cuotas, a la espera de las elecciones municipales de octubre y de la construcción de un mayor capital político. Todas las señales que envió ayer su ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, apuntan a la primera de las dos alternativas. El funcionario favorito de los mercados adelantó que tomará “medidas duras”, que aún no explicó, para sacar a Brasil de la crisis.

Al presentar a su gabinete, Temer habló sobre un “gobierno de salvación nacional”. La caída del PBI alcanzó el 3,8% en 2015 y se espera que llegue a una cifra similar este año. El desempleo, en tanto, trepó al 10,9% en el primer trimestre del año, y la inflación alcanzó el 9%. Esos datos negativos lo impulsaron a tomar medidas urgentes. “En el corto plazo, Temer tendrá que dar prioridad a las inversiones privadas en el área de infraestructura, desplegando un osado programa de privatizaciones. Las exportaciones también serán impulsadas, para que la industria tenga algún estímulo”, agregó Ismael.

Con Macri como espejo, el presidente en funciones de Brasil apunta a conquistar en los próximos meses a los inversores internacionales con audaces medidas ortodoxas.