OTRAS | Nacionales | 20/12/2017
El Congreso no es un club de barrio, y no es un espacio para hacer catarsis. Es fundamental que los parlamentarios comprendan que están representando al pueblo de la Nación. Deben tener conciencia que el recinto es ocupado por personas honorables. Ocupar una banca en la “Honorable Cámara de Diputados de la Nación” conlleva una enorme responsabilidad a la hora de hablar, de usar el derecho de expresarse ante sus pares. No se puede escuchar expresiones como “Hijo de P.” y otros términos o frases que son de otro ámbito.
El Congreso no es un club de barrio, y no es un espacio para hacer catarsis. Es fundamental que los parlamentarios comprendan que están representando al pueblo de la Nación. Deben tener conciencia que el recinto es ocupado por personas honorables. Ocupar una banca en la “Honorable Cámara de Diputados de la Nación” conlleva una enorme responsabilidad a la hora de hablar, de usar el derecho de expresarse ante sus pares. No se puede escuchar expresiones como “Hijo de P.” y otros términos o frases que son de otro ámbito.
En estos días de tensión y debates fuertes, se escucharon todo tipo de descalificaciones que quedarán grabados para siempre en el diario de sesión que escriben los taquígrafos en cada sesión. Las futuras generación leerán expresiones como: “cállate hijo de P., andate a la C. de tu madre”…”hay que sacarles a patadas” entre otros tribuneros comentarios…
Se puede entender que los debates son fuertes (“calientes”). Pero estamos en un lugar honorable, donde cada diputado tiene un tiempo para expresarse a favor o en contra del tema que se está tratando. Y mientras un parlamentario habla, los demás “deberían” escuchar atentamente para luego refutar o no dicho argumento. Y el leguaje para la discusión tiene que ser elevado, no elevado de “gritar”…elevado por su calidad intelectual. No es excusa el tema del debate para fundamentar conductas “no hornorables”
No puede salir de la boca de un Diputado, representante de sus votantes, insultos y agravios al límite agarrase a las piñas..Y sin mencionar que se hablan entre ellos en el recinto cuando deberían, y por reglamento, dirigirse solo al Presidente de la Cámara, que a propósito se lo escucha en forma constante diciendo...”por favor no hablen entre ustedes”
Este “nivel” de lenguaje escuchamos por más de 20 horas en la primera sesión del año. Esta violencia institucional se vivió adentro del Congreso, y lo que pasó afuera ya es conocido…Tampoco “los de adentro” lograron trasladar a “los de afuera” un conjunto de valores y normas de convivencias…todo lo contario.
Es lógico que no todos sean iguales, pero acá no se trata de individualidad. Es el parlamento en su conjunto en que debe mejorar su nivel de sesiones. Es fundamental para las instituciones, y más para las casas de las leyes que votan normas fundamentales como el Presupuesto, Derechos Humanos, y sobre todo una Ley de Educación…
Es primordial que el Congreso trasmita normas de convivencias, respeto al otro en serio. Porque hay miles de Argentinos que siguen por estos días los debates de leyes fundamentales para la Nación.
Exhortamos a que retomen el leguaje parlamentario propio, para que los argentinos se sientan orgullos de nuestros representantes parlamentarios, y por ende que los futuros debates sean con altura, y que el común denominador sea la tolerancia y la paz.

Por último, quiero expresar que “casi” me acostumbro al leguaje chabacano del Congreso en las últimas horas…me alerto mi hijo de 11 años.. .”¿Por qué dicen tanta malas palabra pa..?”
Por Gerardo Strejevich